Al ser un término relativamente amplio, la Arquitectura de la información (AI) se puede definir de muchas formas:
Según Richard Saul Wurman en 1975, quién utilizó el término por primera vez, la AI es el estudio de la organización de la información con el objetivo de permitir al usuario encontrar su vía de navegación hacia el conocimiento y la comprensión de la información.
Según el Information Architecture Institute, la Arquitectura de la información se define como:
1- El diseño estructural en entornos de información compartida.
2- El arte y la ciencia de organizar y rotular sitios web, intranets, comunidades en línea y software para promover la usabilidad y encontrabilidad.
3- Una comunidad emergente orientada a aplicar los principios del diseño y la arquitectura en el entorno digital.
Ciñéndose exclusivamente en el campo de la Web, una de las definiciones que Louis Rosenfeld y Peter Morville ofrecen en su libro “Information Architecture for the World Wide Web 2nd Edition“, puede sernos de más fácil comprensión:
El arte y la ciencia de estructurar y clasificar sitios web e intranets con el fin de ayudar a los usuarios a encontrar y manejar la información.
Otra descripción la realiza Jesse James Garrett, quien, en abril de 2001 la definió a partir de sus efectos: “La Arquitectura de Información es primariamente sobre el conocimiento; cómo las personas procesan la información e interpretan las relaciones entre las diferentes piezas de información”.
Por último, aparece Christina Wodtke, quien en octubre de 2002 publicó el libro “Information Architecture: Blueprints for the Web”. Ella señala que “la Arquitectura de Información se refiere a hacer que la información compleja y las tareas difíciles, sean realizables por seres humanos”.
De cada una de estas definiciones, podemos identificar al usuario como elemento principal. Sin embargo, es él mismo quien pareciera quedar ajeno al proceso. ¿Qué herramienta puede resultar más efectiva que el propio usuario para llevar a cabo una correcta AI? Al poseer los conocimientos sobre la materia, se convierte en una fuente clave de información. El realizar un codiseño, integrando al propio usuario, ayuda y facilita el trabajo del diseñador, siendo éste un beneficio para ambas partes.
Esto es, Diseño centrado en el usuario (DCU).
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